La catástrofe que ha significado el terremoto del 27 de febrero ha modificado de modo muy radical nuestra vida regional. Lo ha hecho del modo más brutal con aquellos que perdieron familiares o todos sus bienes. Otros ha perdido su fuente de trabajo o la pensión en donde alojaban (es el caso de muchos universitarios que estudian lejos del lugar en donde viven). Incluso en los que hemos salido bien librados algo se ha roto en nuestro interior, algo se ha desajustado.
Es el momento de reforzar los lazos comunitarios y de colaborar para hacer posible la subsistencia de los damnificados en este próximo invierno y acelerar la reconstrucción de viviendas y comercios.
En lo que a mí respecta, quiero aportar una cuota de reflexión a este momento, que es lo que mejor sé hacer. Ella se dirige a los cristianos, aunque puede servir quizás en alguna medida también a los que no creen. Necesitamos hacer la mayor claridad posible sobre el paso de Dios en este momento crucial. La lucidez y la motivación con que actuamos en los momentos de crisis es siempre clave, porque condiciona muy profundamente lo que hacemos. Es vital poder transformar con la fuerza del Evangelio esta tragedia en una oportunidad de humanización y de crecimiento en la esperanza cristiana. Mi reflexión fue publicada en la revista Mensaje con el título: “Dios y el sentido del terremoto”.
Dios y el sentido del terremoto
Sergio,
Ya había leido tu artículo en el último número de revista Mensaje. Me pareció mucho más esclarecedor comparado con otro artículo sobre el mismo tema escrito en la misma revista por dos jesuitas.
Realmente te felicito!
Juan Silva
Muchas gracias, Juan. Me alegra mucho saber que lo has leído, por ti y por tus catequisados.
Me ha preocupado este asunto, porque hay (al menos aquí) mucho miedo y vuelven todas
esas cosas sobre castigos divinos, fin del mundo,etc.
Suerte la tuya de recibir Mensaje tan pronto. Yo aún no lo recibo. Siempre se demora mucho acá.
Que estés muy bien.
Sergio