El año pasado y este pasarán a la historia como años de terremotos. Al telúrico y al eclesial se agrega ahora el estudiantil.
A todos nos pilló desprevenidos. En un tiempo record, los estudiantes universitarios y secundarios del país se declararon en paro y se tomaron la mayoría de sus sedes de estudios. Me ha sorprendido gratamente su nivel de organización y la claridad de sus propuestas.
Este último punto suele ser el más discutido. ¿Puede haber claridad cuando se piden cosas tan dispares? Me parece que hay que interpretar bien lo que está pasando y lo que está en juego. Estamos fundamentalmente ante un movimiento ciudadano que protesta contra dos aspectos centrales de nuestra convivencia nacional: el sistema económico y la democracia.
Para nadie es un misterio que nuestro sistema económico, junto a un gran crecimiento del Producto Bruto, ha acumulado una enorme desigualdad y descriminación. A ellas se ha sumado la grotesca usura de las grandes tiendas, de los bancos y en el caso de los estudiantes universitarios de los “créditos con aval del estado”. El sistema educacional ha sido puesto al servicio del modelo, que requiere de bajos sueldos para mantener el nivel de exportaciones de materias primas. Aquellos que pueden han emigrado, a menudo con un gran esfuerzo económico, a la educación privada y el 20% más pobre de la población se ha mantenido en la municipal, que brilla por su mala calidad. En el sistema universitario ha sido determinante el poder de pago. Los que no lo tienen quedan endeudados para toda la vida.
Respecto de nuestra democracia, debemos reconocer que ésta ha progresado poco y que sigue siendo muy deficiente. Nuestra constitución es la de Pinochet, con algunos ajustes menores. El sistema binominal garantiza de antemano la elección de un candidato de la Alianza y otro de la Concertación en cada circunscripción. Dichos candidatos son elegidos al interior de los conglomerados mediante procesos muy poco democráticos y transparentes. ¿Para qué votar -se pregunta la mayoría de los chilenos- si los resultados están garantizados de antemano y si, de todos modos, no se puede participar en las grandes decisiones? Nuestra abstención es cercana al 50% (si se suman los no inscritos a los votos nulos y blancos).
No deben extrañarnos las peticiones de los estudiantes y la dificultad de solucionar el conflicto. Tanto el gobierno como los partidos políticos de ambos conglomerados han probado no estar a la altura. Ninguno de ellos ha tenido un proyecto educacional que ofrecer al país. Tomará tiempo hacerlo, y muchos políticos intentarán mantener el sistema actual que le da tantos dividendos (está siendo habitual que muchos políticos al jubilar como tales terminen siendo profesores universitarios o miembros del directorio de oscuras instituciones de educación superior).
A continuación presento la declaración que hicimos sobre la movilización casi todos los académicos de mi Facultad. Por misteriosas razones nunca salió publicada en el sitio web de la Universidad, aunque la enviamos en su momento.
Declaración de académicos de la Facultad de Ciencias Religiosas y Filosóficas sobre paro estudiantil